Sanar es Civilizado

Nuestra reacción, personal, ante la necesidad de los demás, dice todo sobre el estado de una comunidad.

En los años 60, le preguntaron a la antropóloga Margaret Mead sobre cual fue la primera indicación de la existencia de una cultura civilizada.  Mientras muchos esperaban que hablara acerca de útiles de cocina, herramientas de construcción, lanzas para cazar o artefactos religiosos, ella respondió con algo inesperado.

Dijo que la primera evidencia de una civilización se encontró en un hueso fracturado, de más de 15,000 años, hallado en un sitio arqueológico. Se trataba del fémur, el hueso más largo del cuerpo humano, que conecta la cadera a la rodilla. Lo interesante de este hueso fracturado es que se había sanado.

Puede sonar irrelevante para muchos pero el trabajo de un antropólogo es encontrar significados sociales en cosas como esas. Para gente como yo, que no sabe mucho de la ciencia, les comento que en sociedades que carecen de sistemas médicos modernos, toma más o menos seis semanas para que se sane este hueso.

En el mundo natural esto no podría ocurrir. Si un animal se quiebra un hueso esencial… ¡se muere! Si es un depredador, muere de hambre por no poder cazar, y si es un herbívoro, lo comen porque no puede escaparse de un depredador.

Esto significa que esta persona tuvo que estar en reposo por un mínimo de seis semanas mientras una comunidad la alimentaba y cuidaba. Les recuerdo que esto pasó hace 15,000 años. Esto significa que la supuesta ley de la sobre-vivencia de los fuertes no aplica de la misma manera con el ser humano. La sobre-vivencia del ser humano depende de cómo protegemos a los más débiles y necesitados—cuando se deja de hablar del “yo” y se empieza a hablar del “nosotros”.

Estas no son las palabras típicas de un viejito añorando que “regresemos a los viejos tiempos cuando existían los valores de familia y comunidad”, este es un recordatorio que el centro de la civilización es: la civilidad. Es la manera en la que funciona el ser humano y nos vamos a frustrar si no lo reconocemos.

Yo creo que es algo que Dios puso en nosotros desde el principio—es una de las evidencias de ser creados en la imagen y semejanza de El: querer arreglar las cosas rotas. Sin importar si crees eso o no, este ejemplo nos enseña que es algo que muchos años de evolución ha cimentado y reforzado en nuestro ADN social y que no podemos ignorar porque es la clave para nuestra sobre-vivencia y éxito. Significa que nuestra verdad humana es que somos mas fuertes juntos. Si entendemos esto entonces no sacrificaríamos a las personas por beneficio personal. Tal vez nuestros avances serían más lentos si decidimos incluir o por lo menos considerar a la comunidad, pero al largo plazo vamos más lejos acompañados.

Por eso hay tanta indignación cuando se descubre que las personas en posiciones de poder o autoridad son corruptos. Nuestro impulso humano rechaza el concepto de abandonar a los suyos por su propio beneficio.

El autor y conferencista, Simon Sinek, subraya precisamente esto en el área de liderazgo. Por las mismas razones evolutivas, seguidores rechazan a líderes que se perciben como interesados y que no parecen ofrecer algún tipo de protección a su “tribu”. No estoy hablando de jefes que logran tener éxito en el mundo de negocios, estoy hablando de líderes. Los jefes tienen el cargo, pero los líderes tienen a las personas.

El hueso roto que sanó, nos recuerda que cuando algo se quiebra en nuestra sociedad, lo que demuestra que somos verdaderamente civilizados es repararlo.

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